DÍA 2


Segundo día. Torre Eiffel. Como ya mencioné, no había comprado el ticket con anticipación para ingresar. Llegué y había una hilera de ciento de personas esperando para adquirir sus entradas. Estuve durante una hora aproximadamente en una de ellas, hasta que me enteré que era más barata porque sólo subiría hasta el punto medio del monumento – en la mitad hay bares y restaurantes, con una vista hermosa donde puedes pasar el tiempo que desees-. Por lo que tuve que ponerme en la hilera que subía hasta lo más alto y reiniciar el tiempo de espera. Estuve allí por otras 2 horas.

Obviamente tienes una vista de todo París, como no tendrás en ningún otro mirador de la ciudad. No voy a decirte que no vale la pena, porque no te importará mucho esto, ya que no puedes dejar de hacerlo. Como también me lo dijeron a mi y terminé subiendo. Así que solo dejaré fotos de esta experiencia.

Puntuación: 3 de 5.

Luego de esto, mi próximo destino sería Montmartre. Solo marqué mi ruta hacia ese barrio, sin puntos intermedios, con la idea de ir viendo que otros lugares aparecían en mi GPS, y hacer paradas inesperadas.

La palabra para describirlo es ARTE. En sus comienzos – en los sesenta – Montmartre era despreciado o mal visto por los parisinos, por sus burdeles y vida nocturna. Por lo contrario, artistas e intelectuales lo veían como un lugar de inspiración. Hay dos lugares icónicos: Moulin Rouge y la Basílica.

A la Basílica puedes ingresar gratuitamente, pero si deseas subir a su mirador deberás abonar, que no vale la pena, a no ser que te gusten los miradores. No te olvides, que seguramente subirás a la Torre Eiffel.

Perdón por ser tan reiterativo, pero creo que es el mejor consejo que puedo darles, caminen y piérdanse. Montmartre es totalmente precioso. Encontrarás personas de todo el mundo exponiendo su arte por las calles. Locales con la misma temática: ARTE, ARTE Y MÁS ARTE.

A París la divide el Río Sena, por lo que seguramente vayas cruzando de un lado al otro para ir visitando los puntos de tu itinerario. Hazlo siempre por sus diferentes puentes, todos tienen su encanto. Los “enamorados” dejan candados en ellos como muestra de su amor, y como símbolo para que perdure de por vida. Lo cierto es que está prohibido, pero no hay un control para evitarlo. Es más una recomendación, ya que el óxido de los mismos afecta a la construcción, y peor si alguno cae al río. El ayuntamiento, una vez por mes los retira, por lo que no tiene mucho sentido hacerlo.

Salí del barrio, por la Square Aristide, encontrándome con la Iglesia Saint – Vincent.

Continué hasta llegar a Los Invalidos. Como lo dice su nombre, fue creado para los “inválidos” que volvían de las guerras francesas.

Luego, se convirtió en el mausoleo de Napoleón, de su hijo y de su hermano.

El valor de la entrada es accesible, solo €12, y les sugiero que si pueden, entren. Es impactante.


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