VIAJE A LA INDIA

by María Eugenia Pérez

A éste país quise ir mucho antes, pero consideraba que no estaba preparada para afrontar las vivencias de ese increíble lugar, ya que aún tenía poca experiencia viajera. Necesitaba curtir mi alma y agrandar mi horizonte para poder estar allí, con la mirada que me lleva a vivir y sentir intensamente el país que visito.

A todos mis amigos/as y conocidos/as que habían estado ya en la India, les hacía un tercer grado de preguntas. Leía mucho sobre su cultura, sus religiones… pero como suelo hacer siempre, no veía imágenes de la India, para que mi mirada de fotógrafa, se posase en los lugares y en sus gentes sin contaminaciones.

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En 2010, comenzando la segunda década del siglo XXI, completaba mi tríada soñada viajando a La India.

Mis amigos/as cada vez que volvían de la India, me comentaban todas las cosas positivas y también las negativas que ellos/as habían vivido y como me conocen bien, me iban dando consejos de qué hacer o dejar de hacer para que a mí no me pasara los inconvenientes que ellos habían vivido. Yo también lo hago siempre, con otros amigos/ compañeros/as, conocidos, etc, que quieren hacer alguno de los viajes que yo ya he hecho.

La documentación que tenía de la India y los catálogos de viajes de múltiples agencias, a lo largo de varios años, era mucha. La información aportada sobre el olor, el tráfico, los cuidados para no ponerse enfermo, los pueblos a conocer, los paisajes… era bastante buena.

Ese año viajaba con mi querida amiga Rosi y habíamos decidido hacer un viaje de 20 días. Nosotras Íbamos en un viaje organizado, pero al llegar a Delhi descubrimos que íbamos a ir todo el viaje ella y yo solas, acompañadas por un chófer y un guía, en un maravilloso coche. Nos pareció sorprendente, pero estábamos encantadas.

Volamos desde Barcelona en un vuelo con salida a las 6,30 de la mañana y llegada a Amsterdam a las 8,50.

Las medidas de seguridad antes de embarcar en el avión rumbo a Delhi eran enormes. Justo antes de entrar en el avión, pasamos por un escáner que era como una capsula en la que metías el cuerpo entero. Es la única vez que he visto en mis viajes, unas medidas así.

El vuelo salió a las 11,20 horas de Amsterdam y llegamos a Delhi a las 11 de la noche, hora local. Nada más subirme al coche, pude observar que el volante estaba a la derecha y que se circulaba por la izquierda. Cuando estuve en Estambul pensé que la forma de circular en esa ciudad era terrible, pero nada comparado con lo que pude experimentar con posterioridad en el Cairo. Y qué decir de la forma de circular en India: me dejó sin palabra. Constantemente abría mis ojos bastante atónita diciendo muy asustada uyyyyuyyyy.

Cuando me fui a dormir eran las 3 de mañana y el cansancio hacía mella en mi cuerpo, pero la alegría de comenzar una aventura tanto tiempo anhelada, me mantenía muy contenta.

Dormí inquieta y nerviosa, con la excitación de empezar a la mañana siguiente a recorrer sus calles, repletas de personas, todo tipo de vehículos, los colores, los sonidos, escuchar algunos retazos de conversaciones que no entendía, las miradas, las sonrisas, su amabilidad…

Desde los primeros pasos por las calles de la capital, mi mirada se iba quedando anclada en múltiples imágenes que me dejaban con los ojos tremendamente abiertos. Allí parecía que las direcciones no existían. El tráfico es una marabunta de bicicletas, motos, tuk tuk, rikshaw, coches, carritos de madera, de metal, vacas, peatones…

Las vivencias se agolpaban a cada paso que daba. Para mí todo era tan fascinante que no sabía para dónde mirar, no quería perderme ni un instante de nada de lo que ocurría a mi alrededor.

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Mi largo recorrido me llevó a Mandawa, la Región Shkhawati, Deshnok, Bikaner, Desierto del Thar, Jaisalmer, las dunas de Sam Sand, Manvar, Jodhpur, Ranakpur, Udaipur, Lago Pichola, Pushkar, Jaipur, Amer, Fatehpur Sikri, Agra, Varanasi y Sarnath.

Cada día era una nueva aventura visitando maravillosos templos, lago, desierto, montando en camello, en elefante y lo mejor de todo, el contacto estrecho y permanente con sus gentes.

Mi recorrido por el Rajastán fue largo e intenso. Recorrí muchísimos kilómetros por carreteras por las que sólo cabía un coche, caminos inundados de agua… pero la mayor sorpresa fue al llegar a Varanasi, allí me quedé sin palabras.

FOTO 3


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