BENARÉS

by María Eugenia Pérez

Finalizado mi periplo por el Rajastán, tocaba volar a Varanasi. Llegué al hotel y a las 3,30 de la tarde del viernes 20 de agosto de 2010. Comenzaba mis vivencias en esa maravillosa ciudad, que es considerada la capital espiritual de la India y que es sagrada para tres religiones: hinduismo, budismo y jainismo.

En ella encontré muchísimos templos, muy diferentes entre sí. Según me contaron puede haber más de dos mil, entre ellos el famoso Kashi Vishwanath, popularmente llamado el Templo Dorado, dedicado al dios hindú Shiva.

Para el hinduismo, todas las personas que mueren en Benarés van directamente al paraíso, evitando el ciclo de las reencarnaciones. Es por ello, que por sus calles pude ver multitud de personas diversas, algunas de ellas, en un estado de salud bastante deteriorado.

Yo me había preparado mucho para este viaje, sobre todo, porque quería vivir y sentir Benarés con una mirada limpia que me hiciera ver más allá de lo que mis ojos contemplaban o mi nariz olía. Tenía miedo de no poder soportar el dolor en mi alma al ver la vida cotidiana y sentir los diferentes olores, pero ese miedo desapareció en cuanto recorrí los primeros pasos por sus calles.

A las 5,30 de la tarde salí del hotel y recorrí las calles atestadas de personas, vehículos, sonidos, vacas… Aunque ya llevaba muchos días en la India, no dejaba de sorprenderme el palpitar de la vida, a cada paso que daba. Mi mirada se quedaba prendida en las sonrisas, las miradas, el lento caminar, la diversidad de colores, de formas de vestir, etc.

FOTO 1

El tiempo pasaba rápido y casi sin darme cuenta, llegué al Dashashwamedh Ghat. Los ghats son unas escalinatas o gradas que descienden hasta el río Ganges, también llamado Ganga, y que se utilizan para bañarse, realizar rituales, ceremonias como centro de cremación al aire libre…

FOTO 2

Allí me quedé parada mirando el horizonte y luego, poco a poco, recorrí con mi mirada todo lo que me ofrecía este bello lugar, desde lo más cercano, a lo más lejano. Allí estaba ella, una pequeñita niña con su vestidito color rosa, sentada en el suelo, mirando fijamente y sin inmutarse, el intenso ajetreo de idas y venidas de las personas que subían y bajaban.

Empecé a bajar los primeros escalones y me paré junto a un nutrido grupito de ancianos, unos sentados en el suelo y otros de pie, que charlaban animadamente, pero con aspecto de cansancio.

El naranja y el blanco eran los colores dominantes en la ropa de las personas que poblaban la escalinata. De espalda, estaba una chica sosteniendo con su mano izquierda, una cesta llena de ofrendas.

Unos pasos más y ya me situé junto al lugar en el que tendría lugar el rito sagrado Aartis. Aún era de día. Yo decidí sentarme en un lugar muy cercano, para vivir esa ceremonia en primera fila. Pude ver cómo realizaban todos los preparativos, mientras en las barcas situadas en el río, frente al lugar de la ceremonia, aún había pocas personas

FOTO 3


SEGUIR LEYENDO →


La Web de todos los Viajeros

A %d blogueros les gusta esto: