BENARÉS

by María Eugenia Pérez

La luz del día, dio paso al dorado atardecer que envolvía de maravillosos tonos todo el lugar y la luminosa luna, hacía acto de presencia.

Con esmero, fueron situando todos los enseres en los sitios correspondientes. El ghat se iba poniendo a cada minuto más concurrido. Puedo decir, que pocos extranjeros/as estaban esa tarde cerca de mí.

Los brahmanes, jóvenes sacerdotes, aparecieron con sus vestidos de satén supervisando que todo estuviera colocado en el lugar adecuado. Me gustaba estar allí y tener la oportunidad de conocer todos los preparativos de este ritual de ofrenda al río Ganges, en el que están presente todos los elementos para que la ofrenda (la puja) llegue a un buen final y todos los devotos puedan conseguir su purificación.

Sobre la siete de la tarde, ya de noche, las barcas ya están repletas de devotos y algunos extranjeros/as. El sonido de las campanillas anuncia que comienza la ceremonia. El sacerdote sopla una caracola y los siete brahmanes comienzan el ritual, sincronizando sus movimientos alrededor de cuatro elementos: la tierra (a través de las flores), el fuego (con las lámparas de aceite y las velas), el agua del río, y el aire.

Cada uno de ellos se sitúa en su lugar y comienzan sus movimientos lentos y armoniosos mientras van esparciendo flores, encendiendo palitos de incienso, moviendo distintos objetos con humo, velas…

  • El sonido de las campanitas y los tambores acompañan todo el ritual, escucho los cantos, el incienso me envuelve con su olor y el humo, da un maravilloso toque místico a toda la escena que contemplo admirada.
  • El saludo de los brahmanes y los aplausos de la multitud, indican el final de la ceremonia y todos los elementos se ofrecen a la deidad en el agua del río. Los devotos también realizan sus ofrendas ya sean velas, flores o pequeñas lamparitas que flotan en las aguas del Ganges.

No tengo conciencia del tiempo que trascurrió desde que comenzó la ceremonia hasta que miré el reloj, pero el tiempo transcurrió muy rápido. Una vez finalizada la ceremonia, permanecí en el lugar bastante rato disfrutando de las sensaciones vividas, sentidas y compartidas a la luz de la luna.

De vuelta al hotel, caminé nuevamente por las calles llenas de vida, contemplando la bella ciudad de Benarés. En mis sueños de esa madrugada, seguían apareciendo muchas de las vivencias del día.

Dormí poco, pero descansé muy bien en la amplia cama del hotel. A las 5 de la mañana, salía nuevamente del hotel y volvía a caminar por sus calles en dirección al Ganges. Allí me subí a una embarcación para dar un paseo por el río al amanecer, que es cuando tienen lugar los baños rituales.

Para los hindúes el baño en el Ganges supone limpiarse de pecados y purificarse. Por ello, son muchos los que peregrinan desde lugares lejanos para bañarse en sus aguas al amanecer. También vienen a esta ciudad muchas personas porque, como ya he comentado, para los hindúes morir en Varanasi supone cerrar el círculo de las reencarnaciones.

El amanecer tiñe las aguas del río de un color anaranjado que hace brillar intensamente los saris de las mujeres que se bañan en el río, las barcas, los templos, tiene lugar la ceremonia Aartis y el Ganges se llena de vida.

Los dos chicos hindúes que manejan los remos de la barca en la que recorro el Ganges, lo hacen con arte y maestría. La desplazan tan suavemente sobre las aguas del río, que parecía que flotaba. Yo no sabía hacia dónde mirar y qué fotografiar porque era todo tan hermoso, que quería retener en mis pupilas, en mi corazón y en mis fotografías todo lo que estaba viviendo y sintiendo ese hermoso amanecer. Y no era posible recrear mi mirada y realizar las fotografías al mismo tiempo. Así que me dejé llevar, a ratos mirando embelesada y en otros, disparando mi cámara. Pero siempre hipnotizada por esta inigualable experiencia.


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