BERNA, GRUYERES Y GINEBRA


Saliendo de Interlaken a primeras horas de la mañana, pasando por Spiez y Lauterbrunnen, a las 5pm ya había hecho el check-in en mi hospedaje en Berna. Como siempre les dejo la información del hospedaje de mi AirBnb para que puedan encontrarlo, voy a dejarles este, para todo lo contrario, porque fue mi peor experiencia con esta aplicación. Situado en calle Jurastrasse 77, estaba ubicado como en un patio trasero de otras viviendas, totalmente descuidado su exterior como su interior. Las fotos publicadas no eran verdaderas. La habitación era extremadamente pequeña, no contaba con Wi-Fi, la cocina no podía utilizarse y el baño decidí no utilizarlo para ducharme por su escasa higiene. Además, que el anfitrión Helmer, solo me dio la llave y se encerró con su pareja en una de las habitaciones.

Tuve la mala suerte que se desató un tormenta cuando me había propuesto a recorrer Berna. Por lo que lo dejé para hacerlo temprano al día siguiente, porque tenía que seguir mi camino hacia los demás destinos.

Comencé tan temprano para no perder tiempo que la ciudad estaba desolada. Como me pasó con el Big Ben y el Reloj Astronómico de Praga, el reloj de la plaza estaba en obras de mantenimiento.

Pero esta soledad urbana la aproveché para ir al lugar donde se encuentran los osos de Berna, que son su “símbolo”. Es una localidad preciosa, con muchos lugares verdes, jardines, plazas, acompañados como en todo el país por lagos o lagunas, caídas de agua, viviendas a sus orillas, calles angostas pero con una belleza única. Me quedé con muchas ganas de verla con sus habitantes en acción.

Luego de subir la colina hacia su punto más alto y tener esta vista hermosa. Salí nuevamente a la ruta en dirección a Gruyeres.

Como su nombre lo indica, localidad conocida por sus quesos y yo, amante de este producto, no podía dejar de visitarlo. Es pequeña pero muy cálida. No recuerdo los precios de los restaurantes que ingresé a degustar, ni tampoco de los quesos que compré para llevarme, pero eran todos exquisitos.

Los quesos de Gruyeres fueron los únicos que no me dejaron ingresar a mi país, Argentina. Por no tener las etiquetas correspondientes.

Tenía pensado recorrer por último Ginebra. Pero por mi excesivo amor por los 🧀, pasé más tiempo del pensado en Gruyeres y solo hice tiempo a dejar el automóvil en el aeropuerto e ir a tomar mi vuelo hacia Venecia.


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