IRLANDA

by María Eugenia Orellano

Además de la ciudad y sus alrededores, lo que destaco es nuestro viaje desde Dublín hasta los Acantilados de Moher, ida y vuelta en el día. Alquilamos un coche con el que atravesamos toda la isla en 3 hs. Elegimos especialmente un día de sol, fundamental!, ya que el clima en general es muy lluvioso. Después de circular un buen tramo en autopista, lo más bello fue cuando tomamos caminos interiores, muy angostos y pudimos admirar la Irlanda rural. Decir que es hermosa es demasiado poco. Colinas bien verdes “esmeralda” (así llaman a la isla), cabras, vacas, ovejas, sembradíos,  pueblitos, granjas y casas tan bien cuidadas que parecían un cuadro. Nos topamos, por sorpresa, con un castillo que visitamos encantados. Paredes gruesas de piedra, muebles medievales, un salón donde ofrecen cenas medievales y un jardín amurallado, precioso!

Continuamos por esos caminos tan estrechos que las ramas de los arbustos nos tocaban los costados del coche. Llegamos a Galway. ¡Qué belleza! Es una ciudad costera tan alegre, con casas de mil colores.  Caminamos por el puerto y el centro. En la calle peatonal varios grupos de chicos muy jóvenes haciendo música o bailando.

Finalmente llegamos a los Acantilados de Moher. El paisaje es sobrecogedor. El precipicio, las rocas, el mar, las aves y el cielo. Majestuoso! Hay senderos al borde de los acantilados por varios kilómetros. Se necesitan algunas horas para aprovecharlo, recorrer, aspirar el aire, relajarse al sol y admirar todo lo que la naturaleza nos regala.

Elegimos el día perfecto, el viaje salió redondo. Regresamos muy tarde a Dublín, ya que elegimos otra ruta de vuelta para aprovechar y conocer el paso por otros pequeños pueblos. Eufóricos y saboreando aún las delicias de las experiencias vividas.


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